sábado, 8 de noviembre de 2014

Los argentinos cambian la dieta para ahorrar

En los últimos meses cayó el consumo de proteínas y se reemplazaron con derivados de la harina. Paralelamente, los consumidores desaceleraron la compra de lácteos, pero no así el de las gaseosas.
Este año marcó un claro punto de inflexión para la economía familiar de los argentinos. Los salarios, que escalaron un 30%, corrieron muy por debajo de la inflación, que en los últimos doce meses acumula un alza del 40%. Así, el achicamiento de los ingresos en términos reales obligó a los consumidores a volverse cada vez más cautos y conservadores a la hora de gastar.
No es para menos. De acuerdo con un informe del Estudio Miguel Bein & Asociados, en la categoría "alimentos y bebidas" los precios registraron en el mes de septiembre un alza superior al 35% en términos interanuales.
Por este motivo, las personas han modificado sus hábitos de consumo. Y esto se ve plasmado especialmente en los gastos en supermercados.
Al ya tradicional uso de las tarjetas para aprovechar los descuentos durante los distintos días de la semana, en los últimos meses se fueron sumando otros comportamientos, como realizar compras por valores más bajos y alternar diferentes puntos de venta en función de los precios de los productos en cada categoría.
Paralelamente, más argentinos también optaron por dejar de lado las primeras marcas y volcarse por segundas o incluso por las líneas propias del supermercado. No sólo eso: también se ha hecho evidente una caída en el consumo de alimentos de más alto valor, mientras que crecen los productos más económicos.
En este punto, un informe de Kantar Worldpanel revela que, en la actualidad, solamente dos de cada diez argentinos aseguran comprar productos de alta calidad, un porcentaje que se encuentra por debajo del que se registra en el resto de la región.
Pero, el problema que sin dudas más preocupa a los expertos es que estos cambios de hábito a la hora de cuidar el bolsillo, están trayendo una modificación en la dieta de los argentinos, lo que puede generar un impacto negativo sobre el tipo de alimentación y, en consecuencia, sobre la salud.
Cecilia Garau, especialista en nutrición, advierte que "además de la intención de economizar en el supermercado, se pone en juego otro factor que tiene que ver con la educación alimentaria de las familias".
Sube el consumo de pastas
Uno de los rubros que tienden a incrementar las ventas en momentos de bolsillos más ajustados es el de las pastas. De hecho, el informe realizado por la consultora Kantar Worldpanel destaca que, en estos días, "luego de las galletitas, ésta es la categoría que se ha vuelto más masiva".
En la misma línea, el estudio agrega que "más del 80% de los hogares argentinos compran pastas a lo largo de un mes, las recompran cada 15 días y, en promedio, se adquieren casi tres paquetes por cada visita al supermercado".
Por supuesto, al tratarse de un producto de bajo costo, la caída del salario real -de un 10%, según Finsoport- estimuló directamente la compra de este tipo de producto.
"En un contexto donde se ve una retracción del consumo, esta categoría evoluciona de modo opuesto", advierten desde Kantar Worldpanel. Y agregan que "a pesar de que la pasta es un alimento sumamente masivo, la base de la pirámide consume un 20% más que la cima".
En este contexto, los expertos en nutrición alertan sobre los cuidados que hay que tener en relación con estos cambios en la dieta.
Si bien "el 50% de los alimentos provienen de los hidratos de carbono, es importante combinar estas comidas con otros alimentos, como verduras. Por eso hay que prestar atención para evitar los excesos en la ingesta de las pastas y el pan", apunta Garau.
Cae el consumo de proteínas
Paralelamente, las pastas muchas veces funcionan como un reemplazante de otros alimentos, como la carne que, en dosis justas, aporta una proporción importante de proteínas.
Un estudio de la consultora Abeceb señala que, si se evalúan las variables de consumo y precios de carne en Argentina se desprende que, a pesar de la preferencia cultural por la bovina, "el valor empieza a imponerse en las decisiones de consumo local".
Cabe destacar que los precios de la carne vacuna se incrementaron nada menos que 58% en los últimos doce meses, por encima del 39% que subió la carne aviar y 42% la porcina.
"El impacto del precio en la elección de los compradores se nota en la caída del consumo de este producto", señala la consultora.
Según el relevamiento, el consumo anual per cápita de carne de vaca en los primeros siete meses del año fue de 60 kilos, casi 5% menos que en el mismo período de 2013. En tanto, el consumo de pollo también registró una caída, aunque más leve, cercana al 1,5%.
Miguel Calvete, titular del Instituto de Estadísticas de Consumo Masivo (INDECOM), confirma que "se está dando una caída en alimentos protéicos como la carne vacuna, el pollo y el pescado y, en detrimento, subieron los farináceos, que son los derivados de la harina. Todo esto afecta, a mediano y largo plazo, a la población".
Las gaseosas, una curiosa excepción
Al observar la evolución en el consumo de alimentos en los últimos meses, un dato llama la atención: la venta de gaseosas, a contramano del resto de los artículos, viene en alza. Esto se da a pesar de que los precios de las bebidas, según el Estudio Bein, regisraron un aumento del 35% interanual.
Desde la consultora especializada en consumo CCR destacan que "las promociones en categorías significativas para rubros como cervezas y gaseosas hicieron que éstas neutralizaran las caídas registradas". Y agregan que hoy "todas las canastas caen, salvo las de bebidas con y sin alcohol, basado su comportamiento en ciertas categorías de productos relacionadas con importantes descuentos".
En relación con las consecuencias para la salud de las personas, CCR puntualiza que, en el caso de las gaseosas en particular se da una excepción a la regla: pesan más los malos hábitos que la propensión a ahorrar. Es así que "las personas prefieren dejar los lácteos y no tener que abandonar el consumo de gaseosas", dicen. Y, por supuesto, recomiendan regular su ingesta ya que "es conveniente intentar reemplazarlas por agua debido a la cantidad de calorías que contienen estos productos y los riesgos derivados de una alta ingesta de azúcares".
Fuente: iprofesional.com