miércoles, 31 de marzo de 2010

Los nuevos adictos a la comida chatarra

Un estudio publicado en la revista Nature afirma que la respuesta del cerebro a este tipo de alimentos es similar a la que genera dependencia al tabaco o las drogas

LA NACION. Noticias de Ciencia/Salud: anterior siguiente

Quien se atiborra sin freno con salchichas grasientas, fritos o pasteles puede desarrollar una dependencia de esos productos tan fuerte como la de un drogadicto, según un estudio de investigadores estadounidenses que publica mañana la revista científica "Nature Neuroscience".

Al impedir dejar la llamada "comida basura" rica en calorías, el cerebro hace la misma jugada que la que sufren fumadores o adictos al sexo, la heroína o la cocaína, afirman Paul J. Kenny y Paul M. Johnson.

El equipo del Scripps Research Institute de La Jolla, en California, demostró en experimentos con ratas de laboratorio que la comida basura puede crear el mismo equilibrio químico en el cerebro que otras sustancias adictivas.

Ello funciona porque afecta al "sistema de recompensa", que desencadena un sentimiento de bienestar y satisface provisionalmente a las personas, igual que a los animales.

Pero igual que con los drogadependientes, el sistema actúa en este caso exigiendo cada vez más comida, porque cuanto más se come, el cerebro necesita cada vez más material para desencadenar el mismo sentimiento de bienestar que en anteriores ocasiones.

Se sabe en efecto que a los adictos se les debilita la capacidad de activación de los circuitos cerebrales responsables del recuerdo de sus experiencias positivas, ya que dejan de desempeñar esas actividades por la gratificación que reciben de ella, sino que lo hacen de manera adictiva.

Kenny afirma que "en el transcurso del estudio las ratas perdieron completamente el control de su comportamiento alimenticio", el principal indicador de la adicción. "Y ni siquiera pararon cuando se les aplicó electroshocks, lo que muestra la importancia de esa comida".

El equipo de investigadores alimentó a los roedores con todo lo que también atrae a los seres humanos: panceta, salchichas o tarta de queso.

Apenas comenzado el experimento, las ratas empezaron a engordar. Al quitarles la comida con alto contenido graso y sustituirla por ensalada y verduras, rechazaban los alimentos y preferían sufrir hambre.

"Cuando el animal sobreexcita el centro cerebral del bienestar con una comida sabrosa, el sistema se adapta y acompasa su actividad. ello supone que el cerebro tiene que ser estimulado con nuevas aportaciones (de comida basura, en este caso) para no caer en un estado permanente de sensación negativa", explica Kenny.

Estudios moleculares confirmaron esa relación: el equipo se concentró en el receptor al que se adhiere el neurotransmisor dopamina. La dopamina es generada por el cerebro como reacción a estímulos sexuales o al disfrute con la comida o las drogas. Desde hace mucho tiempo se conoce la influencia del receptor D2 en la adicción al sexo y las drogas. El estudio indica que también se activa con la comida basura.

Para poder digerir mejor el flujo de dopamina, el D2 activa, por así decirlo, un conducto tras otro, lo que hace que el receptor necesite cada vez más dopamina (generada con el disfrute de la comida, en este caso) para ponerse en acción y desencadenar la sensación de bienestar, el mismo procedimiento que en otro tipo de adicciones.